La gente era la misma, pero estaban todos cambiados.
Es el síndrome del campamento de verano.
Vas a un campamento, lo pasas de puta madre, piensas que es el mejor verano de tu vida, volves a tu casa, te tiras en la cama, y pensas todo el año en volver al campamento, en volver a repetir todo, mejor.
Y entonces llega, y todo ha cambiado, los chicos, tus amigas están raros, son extraños ya, y caes, que los mejores años fueron esos, los mejores, y nunca se van a repetir.
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